Dobra

La Sierra del Dobra forma el límite por el sur del término municipal de Torrelavega, siendo su perfil el horizonte siempre presente en toda imagen de la Ciudad.

El macizo del Dobra tiene su orígen en un pliegue y fractura de la corteza terrestre, que ha producido dos vertientes totalmente diferentes en su climatología y paisajes vegetales. La fachada norte, fresca y húmeda y bien poblada de bosques en otros tiempos, hoy se encuentra salpicada de prados y cultivos forestales, mientras la fachada sur, protegida del viento húmedo y soleada en extremo, presenta un aspecto mediterráneo, con una vegetación muy peculiar.

La sierra alberga una de las mayores concentraciones de testimonios históricos de la Región, particularmente de la Edad del Hierro (especialmente castros de los primitivos pobladores cántabros) y del periodo de Romanización. A ello se añaden muchos testimonios de arquitectura etnográfica repartidos por todos sus montes.

Además acoge especies de fauna y flora de gran importancia, destacando su enorme variedad de helechos y otras especies adaptadas a la vida en los roquedos calizos, así como tamibén diversos invertebrados cavernícolas.

Estructuras y testimonios del Pico La Capía

  • Resto de sílex tallado (Paleolítico superior)
  • Amurallamiento cimero (Edad del Hierro)
  • Ara de Erudino (Romanización)
  • Inscripción a Júpiter (Romanización)

El prehistoriador local Hermilio Alcalde del Río, en una de sus excursiones descubrió en el Pico Dobra un ara romana, recientemente datada en 161 d.C. (hoy en día ubicada en las dependencias del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria). En la cima se observa un amurallamiento donde también se encuentran elementos arqueológicos, formando parte de esa estructura se encuentra una inscripción votiva a Júpiter con las las iniciales IOM (Iovis Optimus Maximus: “a Júpiter, el mejor, el más grande”) dispuestas como un triángulo invertido grabados con caligrafía romana.

Por la ubicación y la tipología, todos los especialistas que han estudiado el ara suponen la existencia de un santuario donde se rindiera culto a un dios autóctono relacionado con el cielo y las montañas. La cronología prerromana de la divinidad hace muy posible que el ara sea una muestra de la continuación de un culto indígena anterior, y la inscripción un acto de afirmación de Júpiter como el “dios verdadero” en un contexto de sustitución sobradamente conocido.

Cista dolménica en la Peña el Ramo

  • Dolmen de la Peña del Ramo (Megalitismo)

Cabe destacar la presencia de restos de una cista dolménica en la Peña del Ramo, que constituyen una de las escasas manifestaciones funerarias de la prehistoria reciente del área costera central de Cantabria.

Castro del Pico L’Oro.

  • Hábitat defensivo indígena Edad de Hierro
  • Reutilización romana, uso militar tipo castellum, cronología altoimperial
  • Tégulas, ímbrices, placa de arenisca y fragmentos de cerámica común romana

El yacimiento tiene pequeño tamaño y estructura simple, a pesar de lo cual se pueden identificar varias fases constructivas que se solapan, con un gran derrumbe de muralla articulado en dos brazos sobre el cual se construyó un nuevo recinto. Existe una pequeña construcción aneja que ha sido interpretada como puesto de vigilancia.

Castro de Las Varizas (o Peña Mantilla).

  • Fortificación indígena anterior a la Romanización

El yacimiento está formado por grandes amurallamientos que definen un recinto de planta rectangular en torno a la pequeña cima. El lugar apenas tiene espacio utilizable para construir estructuras de vivienda, salvo la pequeña plataforma de la cima, poco habitable. El yacimiento ha sido interpretado como una estructura militar defensiva y de observación, de cronología avanzada dentro de la Edad del Hierro.

Castro de Las Lleras.

  • Castro indígena defensivo
    Viviendas en planta rectangular adaptadas al terreno 2ª Edad de Hierro
  • Utensilios líticos Edad del Hierro
  • Estructuras funerarias en planta rectangular Edad del Hierro
  • Bancales de uso agrícola anteriores a la Edad Media
El pico de Las Lleras muestra muy visible el derrumbe de la muralla que delimita la plataforma arificial que servía de fortificación de la ladera y de espacio para ubicar viviendas. Aún hoy se conservan lienzos construidos en un tosco sistema de soga y tizón, cuya anchura original podría alcanzar los 4 metros.

Próxima a la cima existe otra segunda plataforma más discreta y en su entorno aparecen posibles estructuras funerarias en forma de amontonamientos de piedras relacionables con asentamientos castreños, así como pequeños bancales de uso agrícola atribuidos a momentos anteriores a la Edad Media.

La datación del castro corresponde con la II Edad del Hierro.

Estructura campamental de Jarramaya

  • Fragmentos de fondo de vasija de tipo cántabro. Anterior a la Edad Media
  • Castellum o campamento romano de campaña, relacionado con la Guerras Cántabras

El yacimiento se ubica en un pequeño relieve de forma oval y cima plana, rodeado de una fortificación que aprovechaba el espacio llano interior mediante el levantamiento de un terraplén. Es un aterrazamiento defensivo de planta ovalada con foso y su único acceso original parece ubicarse en el extremo NW de la fortificación y en el flanco norte aparece una segunda barrera defensiva.

El yacimiento con características propias de los atrincheramientos romanos de campaña atribuibles al periodo de las Guerras Cántabras.

Sima o sumidero de las Palomas.

  • Pinturas rupestres, arte esquemático abstracto de la tardoantigüedad.

El lugar consiste en una cueva o cavidad amplia y abovedada a la que se accede por un único paso que obliga a cruzarlo a gatas, desde una amplia cavidad precedente a la que se llega ascendiendo unos metros por las paredes del cañón abierto por las aguas.

El yacimiento contiene una colección de pinturas en sus paredes del llamado arte esquemático abstracto, vagamente antropomórficas en el criterio de algunos especialistas y realizadas con grasas y carbón negro. Rodean la estancia a una altura variable y parecen tener un carácter ritual.

Descubierto por un grupo de espeleólogos de Torrelavega en 1987, el yacimiento se situó cronológicamente en un principio en un período anterior al Hierro, pero las pruebas de datación realizadas con las pinturas han fechado éstas hacia el siglo V, en un período situado entre la Tardoantigüedad y el inicio de la Edad Media, por lo que constituyen una muestra del final del arte parietal. Su presencia, en un lugar tan oculto y de complejo acceso, remite a la pervivencia tardía de cultos paganos en Cantabria en unos momentos en que el cristianismo se encontraba en máxima expansión.

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